Cuando voy a un concierto tomo algunas fotos y grabo algunos videos, mas que todo para recordar el momento, lo que me hizo sentir, verlo después y también compartir algunos clips cortos con el “maravilloso mundo de las redes sociales”.
Pero trato de mantener el telefono en el bolsillo y disfrutar el momento real, físico, que estás allí por un par de horas viendo a un artista por el que pagaste un dinero, alguien cantando, tocando un instrumento, bailando, contando una anécdota o un chiste en el caso de un stand-up comedian.
Hay gente que pasa todo el momento grabando, que ve el espectáculo a través de la cámara del teléfono, que siempre va a ser peor que la realidad. Parecido a esa gente que va a los museos solo a tomar fotos, y que cuando no teníamos cámaras en el celular, escuchabas venir por los pasillos por el “click, click, click, click, click”.
Ahora hay una fauna distinta y me parece a mi que desaprovecha aun mas el momento, y es la gente que pasa todo un concierto grabándose, en un video selfie ininterrumpido de horas, o varios de 5 y 10 minutos, lo que dure una canción. En un close-up cerrado donde el borde de su cara pega con el borde de la pantalla, y ya ni siquiera ve el espectáculo a través de la pantalla del dispositivo, sino que va a un espectáculo para verse a si mismo en un espejo, literal, y compartirlo problemente en vivo.
Entiendo que hoy todo el mundo quiere ser influencer, y desde Paris Hilton y su amiga Kim Kardashian además quieren ser famosos por ser famosos, pero esto ya es una desviación y un salto al narcisismo digital que me asusta. Una sociedad que solo ve para adentro, solo se ve en el espejo, solo interactúa remotamente, y que cada vez tiene menos empatía por el resto de la humanidad, de hecho, les parece que existe solo de manera transaccional (“que me puedes dar”).
Ah, pero lo estoy escribiendo en Substack, que es un foro digital en mi blog, si, y aquí les digo: salgan a la calle, den una vuelta, parense de vez en cuando y guarden el teléfono en el bolsillo/la cartera. Mirenle la cara a la gente y escúchenla, no mientras llega su turno de hablar, sino para entender que quieren decir, para entender que quieren comunicar.
Esto ha podido ser un post, jaja, y de hecho ahora que lo leo, es una continuación de algo que escribí hace mas de 12 años, donde me quejaba que, entonces, estábamos muy conectados: https://www.elmodulor.com/muy-conectados/