Es decir: You say goodbye, I say hello.
La semana pasada escribí acá una despedida a un programa al que considero aun un lugar, el Late Show. Primero creado por David Letterman y luego conducido los últimos 11 años por Stephen Colbert. Lo escribí luego de haber visto el episodio que hicieron ellos dos juntos, como parte de los últimos 4 programas, la última semana del programa.
El jueves pasado fue el último episodio, y fue algo sencillo y genial. Fue un hasta luego, un abrazo cálido, una muestra del cariño que Colbert siente hacia su gente y el que tenemos hacia el. Estuvo lleno de pequeños “huevos de pascua”, como se les dice a esas sorpresas ocultas que no esperamos encontrar (pero buscamos). Simulaba ser un show normal, por aquello de que cuando estás haciendo lo que te gusta, el último dia no tiene que ser algo muy distinto, sino que quieres seguir haciendo lo que te da alegría y satisfacción.
De hecho, en el momento final, cuando “apagan” la luz del teatro bajando la palanca de la caja que dice “Late Show”, las otras cajas mas pequeñas a los lados dicen “aplausos”, “risas” y “Only in Monroe”, como se llama el programa de televisión de acceso público en Monroe, Michigan donde Colbert estuvo un día antes de tomar las riendas del Late Show, hace once años. Pues el viernes, el día después, volvió a ese programa, y gracias a YouTube podemos ver una maravillosa hora completa de show, que muestra como el talento encuentra la forma de salir a la superficie.
El último invitado fue Paul McCartney, en una especie de full circle emocional con el Ed Sullivan Theater, donde ya había tocado en la primera primera visita que hicieron los Beatles a Estados Unidos, y luego justo el año en el que se disolvieron. La entrevista se interrumpió a propósito y allí insertaron un segmento con los otros hosts de Late Night del país: Jimmy Kimmel, Jimmy Fallon, Seth Meyers, John Oliver.
Luego, Colbert es “tragado” por un vortex que lo lleva a un lugar donde están Elvis Costello, Jon Baptiste, Louis Cato, con sus instrumentos y comienzan los cuatro a interpretar un tema de esos “ocultos” de Costello: Jump-Up, que aprece como un bonus track en uno de sus primeros discos. Una interpretación hermosísima, que luego se transforma en todos ellos junto a McCartney en el Ed Sullivan Theater cantando Hello Goodbye.
Creo que tenía mucho tiempo que no lloraba así, tristeza por lo que se deja atrás, alegría porque hay que agradecer el cariño y lo que se tiene, especialmente la oportunidad de volver a empezar una y otra vez. Estoy hablando de Colbert, pero puedo estar hablando de cualquier otra cosa en la vida, y seguro tu que me lees también has pensado en un par de analogías hoy.
Así como hay mementos y una cartografía de nuestra vida que vamos construyendo, dibujando, hay momentos como ese, música como esa, que nos marcan para siempre.